"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

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Yo me quedo – Por: Fernando Araújo Vélez

Yo me quedo con el papel, con el libro pesado de páginas amarillentas que me va a mostrar una parte del mundo y me va a llevar a vivirla, con el periódico untado de tinta y con los mensajes en papelitos arrugados, con la mochila y el abrigo raído, con Silvio Rodríguez y Víctor Jara, con Pablo Milanés cantando “Yo me quedo con todas esas cosas, pequeñas, silenciosas”, y con dos aguardientes para gritar “que nadie sepa mi sufrir”, “prohibido olvidar” y tantas cosas más. Yo me quedo con el delirio, con la venganza fina, con la figura de don Quijote pasar, con el beso que nunca le di a usted y que pudo cambiarlo todo, con el penúltimo cigarrillo y enviarle una carta escrita a mano, y me quedo con los amores platónicos.

Yo me quedo con el eterno descubrir de las verdades que quedan detrás de las mentiras, y me quedo con el valorar y el admirar en lugar del fácil querer, y me quedo con lo difícil, aunque muera en el intento.

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Yo me quedo

Un mundo infeliz: el futuro de la humanidad

Pronosticar, dice Harari, que en el siglo XXI los sapiens intentarán alcanzar la amortalidad, la dicha y, por tanto, la divinidad no es original ni visionario, pues son los ideales tradicionales del humanismo liberal, que prevaleció sobre los otros dos, el socialista y el evolucionista. Lo malo es que las nuevas tecnologías poshumanistas quitarán el sentido a ese sueño.

En efecto, esa misma capacidad de establecer redes de colaboración y, en últimas, de datos, multiplicada sin límites, llevará al final del humanismo. Harari menciona que la visión neodarwinista demostró que los sapiens somos, como los animales y las plantas, organismos electrobioquímicos que funcionan con algoritmos determinados por una constitución genética que refleja presiones evolutivas emparejadas con mutaciones aleatorias. Al combinarla con la teoría de la inteligencia artificial de Alan Turing, nociones como la libertad, el libre albedrío y el individuo quedan como recuerdos míticos.

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Un mundo infeliz: Harari

Sobre el insulto “parido por el ano” POR CAROLINA SANÍN

Ahora que me detengo a mirarlo, encuentro que hay algo especialmente interesante en mi insulto predilecto: si uno le dice a alguien “parido por el ano”, excluye la participación de una mujer en el nacimiento de ese alguien. Un parido por el ano puede haber sido —en el espacio fantástico que el insulto abre— parido por un hombre, ya que los hombres tienen ano tanto como las mujeres. Mientras que el ubicuo “hijo de puta” —que por cierto no deja de ser un buen insulto, usado a menudo por mí, lindo y hasta usado por don Quijote (flor y nata de la caballería y espejo de toda bondad)— sugiere que la persona que es blanco del insulto no tiene padre, el “parido por el ano” sugiere que no tiene madre. Mientras que la condición de “malparido” puede imputársele a una madre que parió mal, el “parido por el ano” no. Mi insulto, pues, hace que cambien las cargas de género de los ya consabidos, desgastados y un poco aburridores insultos genéricos —en el sentido de “comunes”, y también de “referentes al género” (hago la aclaración habiéndome resignado a que en este país hay que explicar toda ironía)—.

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Sanín: Sobre el insulto

El gobernante y la oposición

“El gobernante debe enfrentarse siempre a una pregunta acuciante, ¿qué hacer en esta o aquella circunstancia? La oposición, por el contrario, no tiene la obligación de asumir ninguna responsabilidad ni tampoco tiene que tomar decisiones. Cuando existe una oposición permanente y acomodada, la calidad de su pensamiento se deteriora en consonancia. Además, quien comienza con una visión pesimista y reaccionaria de la vida termina siempre encontrando plena justificación en los hechos del mundo, pues la Utopía nunca se hace realidad” Chistopher Hitchens

Joaquin Sabina – Lo Niego Todo