"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

Tesoros literarios

I’m your man

Siempre lo dije aunque nunca lo dije…


“Cada uno es artífice de su ventura” Don Quijote

“Oyendo lo cual Sancho, dijo: / – Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimientos en las desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a pie, no estoy triste; porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba, ni a quién ensalza. / – Muy filósofo estás, Sancho – respondió don Quijote-, muy a lo discreto hablas: no sé quién te lo enseña.Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía, pero con la prudencia necesaria, y así, me han salido al gallarín mis presunciones; pues, debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme en fin, hice lo que pude, derribáronme, y, aunque perdí la honra, no perdí, ni puedo perder, la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras cumpliendo lo que dí de mi promesa. Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas”. El Quijote, II, cap. LXVI.


EL TIGRE – PABLO NERUDA

Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.

El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.

Desnuda te sumerges.
Espero.

Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.

Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.

Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.


Fernando Vallejo y William Ospina Feria del Libro 2017


Never forget, never give up

 


Nuestra locura Por: Fernando Araújo Vélez

Por: Fernando Araújo Vélez

Nuestra locura

Nunca será tarde para la locura. Será cuestión de dos o tres segundos, “un diminuto instante en el vivir”, como cantaba Silvio Rodríguez; de salir a caminar por donde jamás hayamos caminado, y de soltar con cada paso uno de los miles de mandamientos que nos han impuesto, nuestra cédula y todos los documentos y contratos y los miles de recibos de impuestos que otros determinan con absoluta arbitrariedad. Pisotearlos. Romperlos, hacer una especie de hoguera con ellos y seguir. Serán 100, 200 y mil pasos, y mil heridas y otras tantas cicatrices, y seguir el camino hacia donde nadie nos espere y abstraernos ante cada piedra y ante cada flor. Será cuestión de sentarnos por ahí en un monte y ver la vida y el tiempo pasar, como si no tuvieran nada que ver con nosotros.

Ver la prisa y la angustia de los otros, de esos otros que son el infierno y fueron nuestro infierno, y vengarnos de ellos con nuestra quietud y una sonrisa de profunda indiferencia que les diga, les grite, que ya no hacemos parte de su estúpido mundo, que no cuenten con nosotros para volver a pisotearnos. Verlos, sí. Verlos destrozarse, traicionarse, clavarse puñales por eso que han llamado amor, y vivir en la trampa y de la trampa y confundir medios con fines. Nunca será tarde para la locura y para que nos llamen locos, simplemente porque decidimos alejarnos y comprender que el fin no son ni el dinero ni los horarios ni los diplomas ni el hogar, sino la vida misma y una obra, nuestra obra, aunque sea una obra de pura contemplación.

Nunca será tarde para desprendernos del vértigo, bajarnos del tren blindado en el que nos fuimos metiendo sin darnos cuenta, pisar el suelo y desaprender todo lo que nos enseñaron para luego empezar a aprender lo que nosotros mismos decidamos, y ser plenos con cada nueva verdad que descubramos, aunque luego la cambiemos una y otra y otra vez. Nunca será tarde para la locura, aunque hayan estigmatizado la locura y a algunos locos los llamen así para robarles su credibilidad. La locura será irnos de la cordura y seguir yéndonos. Irnos de las normas, de lo aceptado, de lo aprobado con sus infinitas variantes, todo basura, y seguir yéndonos.

http://www.elespectador.com/opinion/nuestra-locura-columna-688460


Mundo feliz:FERNANDO SAVATER

Parece que va siendo evidente que la distopía que nos corresponde no es 1984,de Orwell, sino Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en el que hay consenso para que desaparezca por nocivo y peligroso el “amor romántico”, ese pleonasmo (como el agua húmeda). Sin amor sólo quedará el sexo como placer y fiesta, una especie de amor sin espinas, como los filetes de pescado congelado. Punto final a esa manía alucinatoria de buscar nuestra otra mitad, el cariño absoluto que da sentido a la vida o compensa de no encontrarlo, los celos y recelos, las cóleras y reconciliaciones, la pérdida, la fatiga asombrosa de querer. “Si duele no es amor”, han decretado los coachs(esos psicólogos para quienes no tienen ya psique). Así podemos despachar el estorbo de casi toda la literatura occidental, basada en que solo es amor si duele. Y sus contradicciones: el poeta que se queja de la espina en el corazón clavada y cuando se la quitan protesta porque ya no siente el corazón… ¡Bah, no tienen pensamiento positivo, no saben pasarlo bien! Así les va a las pobres chicas, Emma, Ana, Desdémona… el último beso de Otelo. ¡Otelo! ¡Cómo no le da vergüenza a Shakespeare ser tan romántico al hablar de la violencia de género! Necesitamos menos poetas y más pilates: hay que decírselo a los adolescentes enseguida, para que no se amarguen la vida.

Olvidemos el bárbaro pasado y sus neuróticos arrebatos. Adiós a morbosas torturas como las que describe T. S. Eliot (trad. Andreu Jaume): “¿Quién concibió pues el tormento? El Amor. / El Amor es el nombre más siniestro / escondido en las manos que bordaron / la insoportable camisa de fuego / que las fuerzas humanas no quitaron. / Tan solo suspiramos, tan solo vivimos / por fuego y por el fuego consumidos”.

Atículo en:

Mundo feliz: Savater en El País