"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

Tesoros literarios

Se me olvidó tu nombre – Por: Fernando Araújo Vélez

Dame una cita, vamos al parque, me cantaste una noche, dos cuadras arriba de aquel parque donde jamás logré aprender a montar en bicicleta, y donde me contaste que le diste tu primer beso a tu segundo hombre. Yo no te respondí. Te ignoré una y dos y tres semanas, y mientras pasaban los días me sentía feliz de no llamarte, de no escribirte. Me sentía fuerte. Era mi pequeña venganza sobre ti, tus besos y todos tus amores, y tu extemporánea petición. Te ignoré luego por varios meses, y por dos años. Hasta se me olvidó tu nombre, como decía una vieja canción, y haber olvidado tu nombre también fue una linda y dulce venganza.

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Santa Lucía: El espectador.com

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Caminar como camino

Por: Fernando Araújo Vélez

Caminar sin perdón y sin olvido, sin rumbo y sin pasado. Sin ritmo. Sin armonía. Sin la humildad que nos han impuesto, pero con la humildad de quien espera morir todos los días a la vuelta de la esquina, o de quien le vio la cara a la muerte alguna vez. Caminar a las tres de la mañana o a las cuatro de la tarde, un domingo, un lunes o un jueves. Caminar y patear las piedritas del camino y dar un rodeo, aunque sea eterno, para no pisar las flores de los jardines, si es que aún encontramos jardines. Decir en voz alta Tú me recuerdas las calles que nunca caminé, las palabras que no leí, las voces que jamás me hablaron, y la infinita diferencia entre lo que dice una mirada profunda y lo que esconden tus ojos bonitos. Caminar con un cuchillo en la garganta, con la garganta desnuda, y por trechos, hasta completamente desnudos. Caminar, y con cada paso pisotear la sombra de quien nos atacó por la espalda.

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Caminar: Elespectador.com


Me dejo vivir – Por: Fernando Araújo Vélez

Quiero por un día dejarme vivir. Que se desboquen los relojes y se venzan los plazos de las cuentas del agua y de la luz y de los trabajos por entregar, echarme las cobijas encima y apagar el celular. Quiero a la mañana siguiente caminar sin rumbo unas cuantas horas, subirme al primer bus que pase, bajarme cuando lo haga una señora de rojo o de verde, ya veré, y repetir la escena seis o siete veces, y si en todos esos trayectos alguien me pide algo, responderle como Bartleby, preferiría no tener que hacerlo.

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Me dejo vivir


La literatura de Juan Rulfo: mito y ficción

Las voces curiosas del mundo siguen hablando de tus pasos; las huellas que has dejado en tus líneas son más que la lápida de un fantasma moribundo. Has muerto hace unos días Joven Páramo, tu recuerdo impide que muera la sangre impresa en nuestra piel.

Andrés Bloom

 


La plaga del amor: Por: Fernando Araújo Vélez

Y así fue como ellos dos, que alguna vez creyeron ser uno más uno, apenas sumaron dos por unos cuantos meses, y tiempo después terminaron por ser menos dos. Se anularon, uno con uno se van, y en vez de sumar, restaron y se restaron. No tomaron el uno del otro. Se quitaron hasta las ganas de seguir restando. Cuando se conocieron, se multiplicaron en risas, atenciones, amabilidad y disfraces, y dividieron todas las cuentas. Vivían enamorados a la enésima potencia, y eliminaron de lleno la posibilidad de considerar si estaban simplemente enamora dos del amor. Caminaban tomados de la mano, que al principio eran múltiples manos, como un poema de Gonzalo Arango, sin que les importara demasiado qué camino seguir. Caminaban, y aún hablaban de que lo importante no era llegar, sino el camino y caminar y patear las piedras y recolectar tréboles de cuatro hojas.

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LA PLAGA: ELESPECTADOR.COM


I’m your man

Siempre lo dije aunque nunca lo dije…


“Cada uno es artífice de su ventura” Don Quijote

“Oyendo lo cual Sancho, dijo: / – Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimientos en las desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a pie, no estoy triste; porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba, ni a quién ensalza. / – Muy filósofo estás, Sancho – respondió don Quijote-, muy a lo discreto hablas: no sé quién te lo enseña.Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía, pero con la prudencia necesaria, y así, me han salido al gallarín mis presunciones; pues, debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme en fin, hice lo que pude, derribáronme, y, aunque perdí la honra, no perdí, ni puedo perder, la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras cumpliendo lo que dí de mi promesa. Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas”. El Quijote, II, cap. LXVI.