"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

Tesoros literarios

Silencio – Por: Fernando Araújo Vélez

Silencio

Tu silencio forma el instante del que surgen todas las palabras, cada uno de tus gritos atragantados, tus antiguas miradas, tus recién estrenadas sonrisas y aquella tarde en la que se te cayó tu libro de poemas y las hojas, que eran poemas en sí mismas, se desperdigaron por la calle. Tus silencios son un cuchillo, tu más afilado cuchillo y mi más profunda mirada, y lo sabes, porque hace tiempo anotaste de primero en tu lista de mis eternos defectos que no soy capaz de descifrarte, y que estoy tan, tan bombardeado de respuestas, de instrucciones, de cosas hechas, de deberes ser y por hacer, que no logro siquiera imaginar, y mucho menos, imaginarte.

Tus silencios son todo y nada, pero yo me quedo en la nada y veo el todo, que eres tú, lejos, cada vez más lejos. Tu silencio es alcohol a veces y me huele a alcohol, también a veces.

Completo en: Silencio

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Te quiero sin mirar atrás Mario Benedetti

Te quiero sin mirar atrás
Mario Benedetti

Te quiero mansamente, entre las sombras de las falsas ilusiones…

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, linea tras linea, letra por letra, espacio por espacio…

Te quiero para tomarte de la mano bajo el firmamento y mostrarte los te Amo escondidos entre las estrellas…

Te quiero sobre las hojas de otoño, hablando de nada pero a la vez de todo y en un arranque de locura beber tus lagrimas mientras desfallezco en tus labios…

Te quiero para buscarte entre las frases no dichas, entre los pensamientos enterrados, entre las maneras complicadas quiero encontrarte y después no dejarte…

Te quiero como para llevarte a mis lugares favoritos y contarte que es ahí donde me siento a buscarte en la niebla de miradas que no son tuyas pero aun así te busco…

Te quiero para volvernos locos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa por las calles, eso si, tomados de la mano, mejor dicho… del Corazón.

Te quiero como para sanarte, y sanarme, y sanemos juntos, para remplazar la heridas por sonrisas y las lagrimas por miradas en donde podremos decir mas que en las palabras…

Te quiero por las noches en las que faltas, te quiero como para escuchar tu risa toda la noche y dormir en tu pecho, sin sombras ni fantasmas, te quiero como para no soltarte jamás…

Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el Alma y sin mirar atrás…


Praise Song for the Day – BY ELIZABETH ALEXANDER

Praise Song for the Day – BY ELIZABETH ALEXANDER
A Poem for Barack Obama’s Presidential Inauguration

Each day we go about our business,
walking past each other, catching each other’s
eyes or not, about to speak or speaking.

All about us is noise. All about us is
noise and bramble, thorn and din, each
one of our ancestors on our tongues.

Someone is stitching up a hem, darning
a hole in a uniform, patching a tire,
repairing the things in need of repair.

Someone is trying to make music somewhere,
with a pair of wooden spoons on an oil drum,
with cello, boom box, harmonica, voice.

A woman and her son wait for the bus.
A farmer considers the changing sky.
A teacher says, Take out your pencils. Begin.

We encounter each other in words, words
spiny or smooth, whispered or declaimed,
words to consider, reconsider.

We cross dirt roads and highways that mark
the will of some one and then others, who said
I need to see what’s on the other side.

I know there’s something better down the road.

We need to find a place where we are safe.
We walk into that which we cannot yet see.
Say it plain: that many have died for this day.
Sing the names of the dead who brought us here,
who laid the train tracks, raised the bridges,
picked the cotton and the lettuce, built
brick by brick the glittering edifices
they would then keep clean and work inside of.
Praise song for struggle, praise song for the day.
Praise song for every hand-lettered sign,
the figuring-it-out at kitchen tables.
Some live by love thy neighbor as thyself,
others by first do no harm or take no more
than you need. What if the mightiest word is love?
Love beyond marital, filial, national,
love that casts a widening pool of light,
love with no need to pre-empt grievance.
In today’s sharp sparkle, this winter air,
any thing can be made, any sentence begun.
On the brink, on the brim, on the cusp,
praise song for walking forward in that light.

“Puerto Rican Obituary,” by Pedro Pietri (1973)


CARTAS A UNA DESCONOCIDA – NICANOR PARRA

CARTAS A UNA DESCONOCIDA

Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!

NICANOR PARRA


EL REMORDIMIENTO – JORGE LUIS BORGES

EL REMORDIMIENTO

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

JORGE LUIS BORGES


Emil Ciorán: Del inconveniente de haber nacido: FERNANDO ARAÚJO VÉLEZ

Pregonaba el vacío, pero amaba la existencia. Condenaba el amor, “Si en la jerarquía de las mentiras la vida ocupa el primer puesto, el amor le sucede inmediatamente, mentira en la mentira”; rescataba a la mujer, “Si las prefiero a los hombres es porque ellas tienen la ventaja de ser más desequilibradas, es decir, más complicadas y cínicas, por no hablar de esa misteriosa superioridad que confiere una esclavitud milenaria”; exaltaba la miseria, “Todas nuestras humillaciones provienen de que no podemos resolvernos a morir de hambre. Pagamos cara esa cobardía. ¡Vivir en función de los hombres, sin vocación de mendigos! ¡Rebajarse ante esos macacos encorbatados, suertudos, infatuados! ¡Estar a merced de esas criaturas, indignas hasta de desprecio!”.

Completo en: Emil Ciorán: Elespectador.com