"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

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Solo, sólo una canción…


Para volver a empezar – Fernando Araujo

Leído en la mañana del domingo 23 de Octubre 2016

Llévame a caminar contigo para ver si es cierto aquello de que lo importante es caminar, sin que nos importe demasiado a dónde llegaremos.

Llévame a caminar por tus caminos y muéstrame el árbol en el que te subías cuando eras niña y del que soñabas no bajarte jamás, como el personaje de un libro que te habían contado. Llévame al río en el que te bañabas y échame agua, mucha agua, para ver con claridad que nunca somos los mismos, que jamás nos bañamos dos veces en el mismo río y que todo, todo, por insignificante que parezca, nos toca y nos marca. Y tócame y márcame tú, para que esta mañana no se me borre jamás, y sea mañana, tarde y noche y vuelva a ser mañana.

Llévame a caminar con tus largos pasos sin ritmo, que me recuerdan aquella noche cuando llegaste feliz a la casa porque en el bus de regreso y con un trasnochado vallenato habías aprendido a marcar un ritmo, que era y fue tu ritmo. Esa noche, mientras dormías, comprendí que tú tenías tu ritmo, tu propio ritmo, consecuencia de mil historias que en últimas eran tu vida, y que ese ritmo dispar, salvaje, era tan valioso como el mío o el de cualquier persona. Yo empecé a girar alrededor de él desde entonces, y girando a tu ritmo caí en las palabras de un escritor que un día me dijo que por el ritmo, su ritmo, sacrificaba todo y a todos, y que no importaban las perfecciones, pues en últimas la perfección también era un invento de los hombres.

Llévame a caminar sin ritmo, sí. Sin destino, sin códigos ni manuales, y que cada paso nos lleve al siguiente y que sepultemos en algún descanso la palabra presupuestar, que tanto me suena a negocio y a negación del ocio. Llévame a caminar sin equipaje y olvidémonos durante ese caminar de las redes sociales y sus presiones. Olvidémonos del otro, de los otros, y seamos capaces de descubrir y de enamorarnos del descubrir, como si el mundo acabara de empezar y aún no hubiéramos descubierto que el amor se mata solo.

Caminemos. Perdámonos y encontrémonos. Escupamos nuestras mentiras, que caminando no tenemos por qué protegernos uno del otro. Desgastemos la suela de nuestros zapatos y sigamos descalzos para sentir la tierra y las piedras y los charcos. Silbemos y cantemos y cambiemos la letra de las canciones para decirnos lo que se nos ocurra, que con música las verdades suenan menos crudas, menos verdaderas. Caminemos y callemos, también, que si logramos superar nuestro silencio, lograremos amainar nuestras paranoias y seguir nuestro camino, ya sin caretas, para volver a empezar.

Artículo en: Fernando en el Espectador.com


Passenger- Setting Suns


¿Por dónde sale el sol?


Cargado de amargura – Por: Fernando Araújo Vélez

Cargado de amargura

Anoche, con un viejo lápiz en la mano, recordé la tarde lluviosa en la que alguien me dijo por vez primera que yo era un amargado. Recordé que desfilaba en un concurso de disfraces, vestido de payaso. Caminaba al ritmo de un Batman que iba delante de mí. Miraba al público. Miraba mis zapatos. Miraba la capa de Batman. Al bajar de la tarima fui por un pan y ahí se me acercó un compañero de la escuela que iba dos grados más arriba. Me dijo que los payasos debían sonreír, que yo era un payaso amargado. Me puso un dedo en el pecho y se rio y volvió a decir “amargado, amargado”.

Completo en:

Cargado de amargura – Elespectador.com


Repetidos – Por: Fernando Araújo Vélez

Repetimos fechas, nombres, mandamientos, sin entender que nos han hecho repetirlos para que todo se repita, y que detrás de cada nombre y cada fecha están la academia oficial, la literatura oficial y el periodismo oficial. Repetimos lo que los profesores repiten, que repiten lo que los libros repiten, y nos hundimos en ese torbellino de repeticiones creyendo que la vida es repetir, producir, volver a repetir y seguir produciendo. Así, más vale tener un cartón que aprender, más vale llegar a la meta que descubrir el camino, y el ideal es repetir los tips que nos escupen desde los periódicos para ser felices, para olvidar, para amar, para aprender, para viajar, para escribir, para leer, para vivir.

Repetidos en el Espectador


Pablo Montoya: “La poesía no es más que un ensueño breve”

Paz nos dice que quien agradece perdona, indulta, ofrece un favor, da un beneficio, nombra, inspira, nos permite entender uno de los altos sentidos de la palabra felicidad. Leyendo estos poemas que conforman Días de gratitud yo he sentido que la gratitud es simplemente un don. Y los dones de esta índole muestran, de un modo conmovedor, una faz de la bondad humana.

Artículo completo en:

Montoya y la poesía