"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

Tú y yo / FERNANDO ARAÚJO VÉLEZ

Tú me hablaste de las dificultades, de los obstáculos, y me convenciste de que una relación, cualquier relación, debería ser un constante aprendizaje, y echaste a la basura aquellos facilísimos de me cae bien y me cae mal. Yo recordé a mis amigos de la escuela y a los que nunca lo fueron, y más que nada, a aquellos solitarios de gafas que estudiaban y estudiaban y nadie se les acercaba a menos de que hubiera un favor de por medio. Tú me dijiste luego que ellos, precisamente ellos, eran siempre los más sorprendentes, y que era a ellos a quienes apartábamos por la maldita costumbre del amor química, y después me aclaraste que si todo era interés, bien valía la pena que por nuestro interés saliéramos aprendiendo algo, y que no todo era trago, risas y más trago. Yo callé.

Tú me convidaste a decir futuro, como en una canción, y me llevaste a caminar para que en el camino nos olvidáramos del tiempo de los relojes y los calendarios y me explicaste que el tiempo, nuestro tiempo, lo deberíamos decidir nosotros. Yo te apresuré para que llegáramos rápido. Tú me preguntaste que a dónde. Yo te dije que a nuestro destino. Tú sonreíste con ironía y aseguraste que tu meta era tu camino, que tu destino eran las piedras que mirabas, las flores salvajes que te ponías en el pelo, quitarte los zapatos y caminar, y parar, y recostarte contra un árbol, y dormir bajo la sombra de ese árbol y pensar en los millones de millones de estrellas y adivinarlas. Yo susurré, una noche de aquellas, que se nos hacía tarde, muy tarde. Tú me tomaste de la mano y me comentaste que nunca era tarde, que siempre podríamos cambiar de rumbo, y con un rápido movimiento de tu mano me sugeriste que lanzara lejos, muy lejos, mis manuales, todos mis manuales.

Tú hiciste un ademán de no te afanes, espera, cuando una mañana quise besarte y evocaste aquello de las dificultades y de que el amor se debía construir y ser un continuo descubrimiento. Yo me sentí humillado y salí a andar sin rumbo, pensando que tu palabrería era una forma de esconderte de ti y de disfrazar lo que no sentías por mí. Tú me encontraste a la orilla de un riachuelo, te desnudaste y te zambulliste en él. Yo te miré y me hice el que no te miraba. Tú te acercaste y apoyaste el rostro sobre el dorso de tus manos en una piedra de colores. Yo me quedé para el resto de mi vida con esa imagen.

http://www.elespectador.com/opinion/tu-y-yo

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