"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

EVALUACIÓN PARA EL APRENDIZAJE

EVALUACIÓN PARA EL APRENDIZAJE

Escrito por:

Ronald Andrés Rojas López

@lecturaseclipse

2014

La evaluación de antaño, o la evaluación que se posicionó como máxima de acción a lo largo de gran parte del siglo XX en el contexto educativo colombiano centraba su eje de interés en la verificación de la eficacia en la transmisión de saberes declarativos, primordialmente, desde una fuente reconocida, ya fuese el docente o el libro de texto, y así asegurar que los valores y los conocimientos perduraran en la memoria de los nuevos aprendices. En dichas circunstancias, evaluar significaba una constatación de verdades universales, axiomas estáticos y procedimientos certificados previamente por la fuente del saber.

Paralelamente, la evaluación de las décadas intermedias del siglo anterior permitía, aunque aún se mantiene dicho ritual, estratificar a la comunidad estudiantil a partir de los resultados obtenidos en las instancias de examinación, llegando a sacralizar las condiciones de una minoría favorecida por los métodos constatativos de la enseñanza mientras que los estudiantes por fuera de la élite de la excelencia certificada veían como se ignoraba su potencial o sus habilidades no evaluadas y a la par que eran objeto del rotulo proveniente de la comparación desdeñosa.

Un rasgo adicional de la evaluación precedente a los cambios de paradigma en educación era dirigida netamente por el docente, gestor inamovible de los procesos de formación, único ente de control de aquello acontecido en las aulas y único juez de la consecución de aprobación de estudios. Es así, como es posible afirmar que el estudiante era objeto evaluable mas no, sujeto activo del acto formativo y ser consciente de su evolución social y cognitiva, por lo cual hablar de metacognición o de interactividad/diálogo en las prácticas evaluativas es algo ajeno a la constante de la calificación  del pasado.

En la otra cara de la moneda, se inscribe la transformación en los sistemas de evaluación y los cambios radicales en la manera de concebir la reflexión en torno al ámbito evaluador, en la medida que ha tomado auge y apoyo tanto en los espacios de formación docente, las instituciones de educación superior, los ambientes virtuales de aprendizaje y en las mismas aulas escolares una definición que concibe a la evaluación como una dinámica de encuentro para analizar el desarrollo del proceso a la luz de los objetivos del curso, las expectativas de aprendizaje, los retos nacientes en la formación, la conciencia del niño sobre el nivel de dominio de los saberes y sobre todo la posibilidad de cualificar tanto prácticas de enseñanza como la graduación de los niveles de complejidad conceptual y procedimental del curso en complemento de una reflexión personal reciproca sobre los comportamientos y actitudes que podrían fortalecer aún más el desempeño tanto en el aula como en los contextos potenciales de vivencia o transferencia de lo aprendido por el estudiante.

Un ejemplo de la nueva concepción de evaluación puede verse en el uso formativo de la evaluación, el cual aparece, en palabras de Chappuis y Stiggins (2002), cuando:

ü  Se realizan pilotajes de las pruebas para generar reformas a la misma en consideración de las características individuales o del grupo y así asegurar su confiabilidad y coherencia con el programa recorrido previamente.

ü  Permite reorientar prácticas de enseñanza hacia los estudiantes que requieren mayor práctica.

ü  Reconsidera instrucciones a la luz de los resultados y el feed-back dado por el grupo ante los enunciados de la prueba.

ü  Resalta la efectividad de las prácticas de formación.

ü  Abre la conciencia del estudiante hacia el reconocimiento de su estado formativo.

ü  Se le permite al estudiante considerar el nivel esperado y conocer los rasgos de un desempeño idóneo.

ü  Posee claridad previa en los criterios de evaluación y los mismos se corresponden con lo visto en clase, acompañado por la graduación de la complejidad y la equidad en la posibilidad de logro parte del grueso conjunto de estudiantes de cada curso.

ü  Habilita la comunicación constante sobre el proceso formativo entre cada uno de los actores inmersos en el acto de educación tanto al interior del aula como en los contextos ulteriores de la misma.

Finalmente, se resalta el interés perteneciente al ámbito del e-learning y del b-learning a través del cual la evaluación posibilita la construcción del conocimiento y no solo la reproducción del mismo; una práctica evaluativa enfocada en el actuar con el conocimiento, que combina el trabajo colectivo con la metacognición, la recurrencia a experiencias previas y sobretodo, capaz de brindas confiabilidad y utilidad por medio de la coherencia entre las estrategias de aprendizaje/observación de desempeño y los propósitos de cada curso.

Referencias:

CHAPPUIS, Stephen and STIGGINS Richard. (2002). Classroom assessment for learning. En: Educational leadership Journal, September 2002. United States: Association for supervision and curriculum development.

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