"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

CARTA A LA SOMBRA DEL PORTAL

CARTA A LA SOMBRA DEL PORTAL

¡Bienvenidos! Al parecer una capa de terciopelo extendida en la cordillera del ébano será el espacio de encuentro para los pasos perdidos en este atardecer sin tiempo.

Desorientado anduve desde la despedida con mi almohada; ni la lluvia mañanera, ni los gritos cándidos lograron aplacar el vacío de mi pensamiento. Un coche con tonalidades poco aptas para el teatro transportó este cuerpo frágil siempre rígido hasta las tierras de la terraza. Perfecto, así es el ingreso al salón de mis maestros; sin embargo, arribé desmoronado por la vida; la mirada en la pantalla los ojos sin firmamento, palabras honestas y sabias, abrazos sin materia, apoyo siempre vivo en su presencia. El sol descendió, se acerca la despedida; de seguro, han notado mi ausencia.

En un segundo, una lágrima inundó la ciudad; “disfrute su viaje madre ajena y eterna, descansaré sin descansar, quizás algún día termine mi tarea”. Luz de luna, ¡wow! No me extraña tu presencia, mis primeros besos siempre has sido deleite en tu búsqueda de lujuria terrena. El presente dista de una velada nominada con belleza; para reminiscencia, perfectamente, será funeral carnavalesco sin rostro en el espejo.

Ameniza la pausa, néctar de cebada con apellido nacional, bufanda roja y cristal alargado en sintonía con el intento lento de su consumo. Caronte, he gastado tu ofrenda, el tour por tus aguas no será cercana agenda. Los acordes de una tonada de antaño, la presa de kriptonita con su lamento por la lejanía del ser amado, tal cual como ella lo expresa, sigo esperando por ti, joven Páramo.

El minutero ha dado media vuelta, un apareja se posa en la puerta acechando la utopía, ostentosos de su lazo, saco rojo y chaqueta negra, posiblemente amanecerán en la acera mientras sus amos abandonan la tierra. ¡Es el colmo! Dos almas gemelas cruzan de nuevo el portal, angustia terrena, soy imán para contemplar magia al frente de mi mesa.

¡Siga por favor! Exclama el juvenil anciano con una carta en la bandeja. “Déjame llorar” Palabras provenientes de la aguja y el vinilo; llorar no, mi pluma continua despierta. Vine aquí porque la invitación expiró sin sorpresa, inertes ante la espera, solo desde niño aunque en verdad es reclamo caprichoso. Un listado de contactos abultados más cero llamadas entrantes a la sombra de la vela.

Hace tanto que no escribo, es potente el velo en el cielo, implacable la estrategia del hado; empero, lo he tenido todo, de seguro lo tengo, aunque predomina el lamento en mi velero. Cuesta abajo o levitación lenta, incertidumbre en el abismo, diestro en el arte de la destrucción, la huída y el éxodo; un día conocí un fénix, robé su atuendo, cada instante ante la muerte, una danza real, un secreto tras del telón, iniciar de nuevo la seda, costumbre ya es de mi epopeya, convertir lo pretérito en melancolía, saludar el alba con anhelo y deseo.

Posdata: la cuenta está saldada, la página no resiste más coqueteos, volveré a mi morada aunque no estés en mi aposento, LA BRUJA tiene el gusto de conocerme, yo congraciaré su abrigo con el regreso.

ESTEBAN PÁRAMO

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