"(…) aquel que besa una alegría en vuelo vive en la eternidad de la aurora". William Blake

Un procurador de camándula y crucifijo

Un procurador de camándula y crucifijo

por DIEGO OLIVARES JIMÉNEZ

Desde el primer día en que Alejandro Ordóñez llegó a su despacho en la Procuraduría, la oficina y los pasillos contiguos fueron invadidos por crucifijos, camándulas, estampillas y, sobre todo, ángeles de colores y formas distintas. Desde su escritorio no se ve un lugar que no tenga un elemento religioso. Al poner los íconos en su despacho, en enero de 2009, retiró el cuadro de Francisco de Paula de Santander, el hombre de las leyes, para reemplazarlo por un crucifijo del cuerpo de Cristo, con el INRI resplandeciente en la parte superior de la cruz. Hizo el mismo ritual cuando se posesionó como presidente del Consejo de Estado.

Antes de ser elegido en el cargo ya se había opuesto en público y con fiereza contra la posibilidad de que las mujeres pudieran detener el embarazo en cualquier circunstancia y no dudó en demandar a la revista SoHo por la representación gráfica de La última cena, en la que figuras de la política, la cultura y el periodismo suplantaron a los apóstoles y Alejandra Azcárate a Jesús. De joven, como estudiante del Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, quemó libros de autores de la literatura universal, como Diego Hurtado de Mendoza, Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Thomas Mann, Jean-Jacques Rousseau y Marcel Proust, que reposaban en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, el día de la celebración de la Virgen María.

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